La NO comunicación empresarial

Los tiempos están cambiando, las sociedades evolucionan, la tecnología protagoniza cada vez más nuestras vidas… Todo cambia, pero hay cosas que no, no lo hacen.

Mejoran, pero no cambian. Y para que los resultados sean distintos, nuestro hacer tiene que ser también distinto. En un entorno en permanente transformación, hacer un buen uso -o no- de la comunicación en una compañía puede hacer que su nivel de competitividad sea mejor -o no-. Sé que cuesta creerlo, porque los resultados no son ipso facto, pero haberlos, haylos. En principio, es solo cuestión de fe, pero a la larga es todo una realidad. Tendrás que creerlo y verlo con tus propios ojos, sentirlo en todo tu entorno y disfrutarlo en la mejora cualitativa y cuantitativa de tu cuenta de resultados, pero es así. La cuestión es que, a día de hoy, se sigue pensando que la comunicación es humo y quienes nos dedicamos a ello, vendehúmos. Se marcan estrategias en las que la comunicación queda al margen. Se contrata personal de distintos perfiles, pero es difícil encontrarte por un pasillo con un Dircom (Directores de comunicación). Se adjudican partidas presupuestarias a los distintos departamentos de las empresas y la comunicación sigue siendo la gran ausente, porque no existe departamento que la acoja. Ni está ni se le espera.

Sin embargo, todo proceso de negociación, de contratación, de marketing, de administración… debe su razón de ser –aunque hay quien no lo entienda- a la comunicación. Porque comunicación es todo. Nos mueven las palabras. Nos definen. Nos hacen alcanzar éxitos inigualables y rozar los fracasos más inesperados. Nos hacen perder, pero también ganar. Con ella conformamos los argumentos más sólidos y sin ella perdemos hasta el más común de los sentidos.

Sin ir más lejos, hace unos días intercambié una serie de mensajes en LinkedIn con un socio de una firma internacional y aquello se estaba convirtiendo en una maraña de palabras sin sentido que solo estaban dejando paso a la equivocación. Hasta que no pusimos voz a esa lucha dialéctica no pudimos deshacer los malos entendidos que habían surgido por una ‘no conversación’ mantenida. Seguro que me está leyendo y me dará la razón en que han sido la voz, el tono, las aclaraciones directas, la naturalidad y la sencillez (que no simpleza ;-)) la que nos ha permitido reanudar el contacto.

No se pueden permitir errores, malos entendidos, pérdida de proyectos y de clientes por una mala gestión de la comunicación que, en algunos casos, no es mala, sino nula. Porque, aunque cueste creerlo, la falta de comunicación, esa falta de contacto directo, condiciona el éxito de cualquier organización.

Ahora, mira a ver si tú formas parte del grupo de los escépticos o, por el contrario, has pasado al de los creyentes.

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