La Oratoria a debate

“De todos los talentos concedidos al hombre, ninguno es más preciado que el don de la oratoria. Quien lo detente, esgrime una cualidad más perdurable que la de un gran rey.”
Winston Churchill, The Scaffolding of Rhetoric.

 
Es innegable que la sociedad en la que vivimos nos exige hacer un uso adecuado de la lengua como instrumento indispensable para conseguir nuestros objetivos. Si queremos hablar bien, necesitamos conocer las técnicas de persuasión y las habilidades argumentativas necesarias para conseguir nuestros objetivo. Desde pequeños aprendemos una lengua y vamos articulando los sonidos que hay que ejercitar y practicar para hablar en público.

De amores y desamores, filias y fobias, encuentros y desencuentros…

Así es de la vida. Llena de contradicciones y confusiones, de situaciones complejas, vagas e imprecisas, que no producen sino desorden y desconcierto. Así es como nos sentimos los millones de españoles que seguimos el debate con los cuatro candidatos a la presidencia. Un debate que, por histórico, se presumía distinto, novedoso. Un debate que había generado expectativas entre los ciudadanos. Un debate que tan sólo se quedó en eso: en presumir y en generar, porque se desarrolló sin sorpresa alguna, todo dentro de un guión establecido.

Lo que debió ser y no fue entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez

Toda la maquinaria preparada para el esperado maratón de ‘El Debate’ que, en principio, prometía. Citas y compromisos anulados para no perder detalle de las más de cinco horas que pasé delante del televisor. Y como yo, miles de confiados y escépticos, de fieles e indecisos, que, aunque les cueste reconocerlo, estaban expectantes. Tres cadenas de televisión, más de trescientos periodistas acreditados, asesores y consultores por doquier… todos pudimos comprobar la degeneración que está sufriendo la dialéctica en política.

Rancio olor a elecciones

Antes de que comenzara el Debate del Estado de la Nación, todos sabíamos que no se trataría de un debate al uso para evaluar el estado del país, sino que sería el punto de partida de un intenso año electoral que culminará con el voto de los ciudadanos en las urnas. No era el momento de hablar de herencias, de reproches, ni de propuestas de futuro. Ni de Bárcena, Griñán o Chaves. Era el momento de hacer balance anual y pudimos ver de todo menos eso. Mucho derroche de corbatas, de trajes, de tecnología, de democracia y tolerancia para terminar con un bronco, ácido y navajero debate entre los Sres. Rajoy y Sánchez.

Fin de campaña

Concluye la campaña de las elecciones europeas y tengo la sensación de que nada ha evolucionado. Seguimos anclados en ideologías tradicionalistas de que nuestro voto nada importa, de que Europa nos queda un poco lejos y de que ni Junker ni Schulz ni ningún otro candidato va a representarnos. ¡Craso error! La política europea nos influye mucho más de lo que imaginamos y no sólo en lo que a temas económicos se refiere.