Donde habita el compromiso

Sin duda, esta situación de confinamiento nos va a llevar a aprender lo que antes ni tan siquiera imaginábamos. Uno de esos aprendizajes radica en el compromiso. ¿Estamos, realmente, comprometidos con nuestro trabajo, con nuestros amigos, con nuestra familia?

stars-1128772_1920Comprometerse es tomar conciencia de la importancia que tiene cumplir con las responsabilidades adquiridas. Es mostrar una actitud positiva, de esas que te definen y que terminan contagiándose. Comprometerse es ser íntegro, querer llegar siempre más lejos, tener iniciativa por el bien común más que por el propio.

La ausencia de compromiso te invita a dejarte llevar y, cuando permites que la inercia te arrastre, dejas por el camino mucho más de lo que imaginas.

Ese grado de compromiso asumido me lleva a plantearme que no todos jugamos en la misma liga; que compromiso y responsabilidad deben convivir de manera equilibrada; y que, si uno falla, ¡vade retro!

Una parte de la población juega en primera división. Estos son los ambiciosos, los desafiantes. Su estima va por delante, incluso de ellos mismos, pero les gusta ir los primeros en la carrera, sin mirar qué o a quién pisan por el camino. Son los más exigentes, consigo mismo y con los demás. Sí, son buenos, muy buenos, pero… ¿con quién? ¿a costa de qué? ¿para qué?

En segunda división juegan los equilibrados, los que ignoran chismes, dimes y diretes. Su principal objetivo es avanzar a toda costa y eso, quieras que no, infunde mucha tranquilidad. Son confiables y responsables. Yo diría que hasta un poco autosuficientes. Seguros de sí mismos, pero, a veces, desconfiados de los demás. Muy desconfiados.

Los del piloto automático, los de ‘es lo de siempre’ juegan en tercera división. Más de lo mismo. Enchufan el piloto automático y viven al ralentí. Algunos, ‘aparcados’. No se molestan por saber qué hay más allá, qué pueden aportar o qué pueden percibir. Son esos que llevan varias alarmas programadas para no regalar ni un minuto más de lo acordado. Viven a caballo entre el servilismo y la pasividad, que, en definitiva, llega a ser lo mismo.

Seguro que estás identificando nombres y apellidos en cada una de las categorías. Pero, dime, ¿tú eres de primera, segunda o tercera división? ¿Es ese rango preestablecido el adecuado? ¿En qué punto se encuentra tu capacidad de compromiso?

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