Contesta Puigdemont. ¿Habrá réplicas y dúplicas?

Tal y como la ocasión requería, le tocaba al presidente de la Generalitat de Cataluña contestar al monarca. Si bien Puigdemont ha coincidido en la hora (21:00 horas) y casi en la duración de su intervención (7’50 frente a los 6’ de Felipe VI), todo lo demás ha sido muy diferente al discurso pronunciado por el Rey, tanto en el fondo como en la forma.

En la forma, Puigdemont ha elegido un marco mucho menos rígido, menos encorsetado, que el de Felipe VI. Vestido con traje y corbata de color oscuros, con la señera como única bandera, el presidente ha comparecido de pie, a la entrada del Palacio de la Generalitat y con una puerta abierta al fondo, puerta que simboliza la predisposición del gobierno catalán a ese diálogo al que se ha referido expresamente en su intervención.

Un discurso vertebrado para una España fracturada

Discurso breve, pero intenso, el que ha pronunciado el Rey Felipe VI sobre la situación de Cataluña y que, pese a las críticas de sus detractores, debía hacer. Nada más ni nada menos. Estaba obligado a salir e intentar calmar a un pueblo que amenaza con desmembrarse, aunque para muchos sus palabras no hayan conseguido ese efecto.

La Oratoria a debate

“De todos los talentos concedidos al hombre, ninguno es más preciado que el don de la oratoria. Quien lo detente, esgrime una cualidad más perdurable que la de un gran rey.”
Winston Churchill, The Scaffolding of Rhetoric.

 
Es innegable que la sociedad en la que vivimos nos exige hacer un uso adecuado de la lengua como instrumento indispensable para conseguir nuestros objetivos. Si queremos hablar bien, necesitamos conocer las técnicas de persuasión y las habilidades argumentativas necesarias para conseguir nuestros objetivo. Desde pequeños aprendemos una lengua y vamos articulando los sonidos que hay que ejercitar y practicar para hablar en público.

¡Que Dios te bendiga, Presidente!

“En mi comienzo está mi final”, decía T. S. Eliot, y el de Barack Obama ha llegado. Después de ocho años de mandato, el presidente saliente de los Estados Unidos abandona la Casa Blanca y se ha despedido como acostumbra a hacer en sus apariciones, con una extraordinaria pulcritud, en el más amplio sentido de la palabra. “Encontrar algo que decir”, afirmaba Bernbach, “es el comienzo de cualquier proceso de comunicación, pero cómo lo digas hace que la gente atienda, escuche y cambie de opinión”. Sin duda, Obama ha dado buena cuenta de que es un orador cultivado, en el que concurren los tres objetivos que todo orador que se precie debe perseguir: docere, delectare et movere.

Discursos políticos del siglo XXI: de la elocutio a la inventio*

Si tuviéramos que definir de algún modo el discurso político, diríamos que es una potente herramienta que tiene el candidato para darse a conocer y poner de relieve su posición y sus propuestas frente al electorado. Se trata de todo un conjunto de estrategias de las que el orador hace uso para influir en la actitud del auditorio, porque, no olvidemos, el fin último es persuadir.

¿Mensajes a flor de piel? De la epidermis a la hipodermis

Que la forma de hacer política ha cambiado, es un hecho más que evidente. Lejos quedan aquellas campañas en blanco y negro, en las que candidatos, afiliados y simpatizantes empapelaban las paredes y las calles de las ciudades con propaganda electoral. Los mítines multitudinarios fueron dando paso a las campañas televisivas y a los debates de La Clave. En estos 38 años de elecciones democráticas, nuevos partidos han ido surgiendo, nuevos candidatos, nuevas ideas… En definitiva, nuevas formas de hacer de política.

Estrategias discursivas. De la sublimación a la expulsión.

Herbert_James_Draper,_Ulysses_and_the_Sirens,_1909Este post es fruto del último encuentro Beers & Politics que celebramos en Cáceres, el día 17 de abril, y que giró en torno al uso de la palabra por parte de los órganos de poder. Un interesante tema de debate, de máxima actualidad en momentos de crisis, en que los máximos dirigentes necesitan persuadir a la sociedad para evitar conflictos que puedan desestabilizar la situación o provocar cambios bruscos.

A nadie le cabe la menor duda de que, en toda organización que se precie, los conflictos siempre están latentes, porque son fenómenos inherentes a las relaciones humanas. Sin conflictos no hay organización y, si no se regulan dichos conflictos, las organización puede llegar a desaparecer. Es inevitable que surjan diferencias entre los miembros de un colectivo. Por eso, todo grupo que aspire a convertirse en organización tiene que tener como objetivo básico la regulación de los antagonismos que emergen en su propio seno.

Y como se suele decir, “dos no se pelean si uno no quiere”. Dentro de cualquier organización siempre hay dos grupos perfectamente diferenciados: uno -el más reducido-, que es el que ejerce el poder; y otro, el mayoritario, al que va dirigido ese poder. Uno, que es el que posee el poder de la palabra; y otro, que es el que la recibe. Emisor y receptor son las dos partes fundamentales de cualquier formación, si bien es cierto que el emisor es el encargado de regular y amortiguar mediante la palabra el antagonismo existente, con el fin de persuadir a su auditorio y conseguir su adhesión.

¿Cuáles son, pues, esas estrategias que el poder utiliza, consciente o inconscientemente, para captar la atención del resto de la organización? Partiendo del método de análisis del discurso, creado por del profesor Antonio Rodríguez de las Heras, las regulaciones detectadas son siete:

  1. Sublimación: el orador alude a elementos aceptados por el poder y por el auditorio, compartidos de manera positiva.
  2. Favor: intento por parte del orador de mostrarse abierto y condescendiente con el auditorio, alabando sus capacidades.
  3. Desviación: crítica de elementos externos a la organización, crítica que es compartida por el orador y por el auditorio.
  4. Miedo: mención de elementos ajenos a la organización, negativos para ella, que pueden causar un peligro interno.
  5. Culpabilidad: reproches al auditorio por las malas actuaciones de la organización.
  6. Represión: amenazas, descalificaciones, ironías del orador contra el auditorio o contra alguno de los miembros.
  7. Expulsión: que consiste en ignorar el antagonismo y negarse a debatir.

18022En ese camino hay tres cortes cualitativos, en función de la brusquedad con que el orador regula el antagonismo con el auditorio:

  • Sublimación y Favor: regulaciones blandas
  • Desviación, Miedo y Culpabilidad: regulaciones medias.
  • Represión y Expulsión: regulaciones duras.

Como se puede apreciar, en las 7 regulaciones hay una clara gradación, desde las más conciliadoras -aquellas en que la sintonía entre el orador y el auditorio es mayor- hasta aquellas en que el antagonismo se hace más patente. Si analizamos con detalle cualquier discurso y somos capaces de descubrir las regulaciones utilizadas por el orador, obtendremos una valiosa información sobre la naturaleza de la alocución, sobre la situación en la que se encuentran emisor y receptor, sobre las pretensiones y capacidades del orador y sobre la composición del auditorio.

Lo más interesante de este análisis discursivo es que cada una de las estrategias las podemos aplicar a nuestro día a día: en casa, en el trabajo, con compañeros, con amigos… Vivimos entre sublimaciones y favores; entre desviaciones, miedos y culpabilidades; entre represiones y expulsiones que, más allá de la importancia del propio discurso, ponen de manifiesto la capacidad de éste para interpretar el fenómeno del poder, del conflicto y del cambio en una organización social determinada. El que sea capaz de utilizar la palabra como un arma, será el más fuerte. Sólo hay que saber cómo utilizarla, para que esta arma no sea letal.