Felipe VI. Mensaje de Navidad 2017

Cada 24 de diciembre, y como mandan los cánones, el Rey se dirige a todos los españoles con el tradicional mensaje de Navidad. Este año no iba a ser menos y, como era de esperar, ha tenido detractores y aduladores, reproches y halagos. Nada que no fuera previsible y que nos haya permitido escribir en nuestros blogs, rellenar columnas de periódicos y cubrir expediente en distintas tertulias. Salvo para seguir avivando el tema político que en estos momentos nos ocupa y nos preocupa –que no es baladí-, para poco más dan once minutos de discurso.

Mensaje Navidad 2017

1425 palabras semánticamente cargadas de esperanza, de confianza, de deseos por consolidar, juntos, la unidad nacional. “Un año difícil para nuestra vida en común”, ha afirmado el monarca, pero un año comprometido con la democracia española, a la que ha hecho continuas referencias a lo largo de todo el discurso. Si bien es cierto que Felipe VI ha aludido a la Unión Europa, al terrorismo, a la corrupción, a la violencia doméstica, a las transformaciones más señeras de la historia de este país (educación, cultura, sanidad…), el eje central de su intervención ha sido Cataluña.  Evitar errores del pasado en pro de una convivencia social unánime; nuevos caminos, lejos del enfrentamiento y del autoritarismo, para recuperar la convivencia en el seno de las familias. Diferencias, pluralidad, diversidad, pero también respeto, principios y valores; discordia, incertidumbre y desánimo, pero también serenidad, estabilidad y confianza.

En cuanto a la forma, una imagen vale más que mil palabras y las interpretaciones que de ella se han hecho han sido tan numerosas como esas miles de palabras que callan. Hay quien ve negatividad en el discurso, alejamiento de los planos, falta de emoción, incongruencia, gestos forzados e, incluso, de asco. Yo vi otro discurso, sin duda. Desde mi prisma –que siempre pretende que sea lo más objetivo posible-, la Casa Real ha pretendido trasladar una imagen cercana, sin ningún obstáculo que se interpusiera entre el monarca y  la cámara. Y es que no es la primera vez que el Reyhace el discurso de Navidad sentado en una silla, con las piernas cruzadas, sin más atrezo que el requerido para la ocasión (Navidad 2014 y 2015, sin ir más lejos).

Me encanta que todo genere discusión, debate e interpretaciones. Si hubiera hablado detrás de la mesa, se diría que se escuda en parapetos. Si lo hace sin nada, refleja una visión de sumisión por parte de los espectadores, porque la cámara lo enfoca desde los pies. Si hay una sola fotografía de familia, mal, porque el Rey está de espaldas. Si los zapatos son de hebilla, porque deberían haber sido de cordones…

El momento era y es difícil, y así lo ha puesto de manifiesto el Rey. La sociedad catalana se resquebraja como también lo hacen las distintas lecturas que de un discurso se pueden hacer. Como diría Víctor Hugo, “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. Todo depende del prisma con el que se mire y día 24 las lentes fueron más políticas que retóricas.

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