¡Que Dios te bendiga, Presidente!

“En mi comienzo está mi final”, decía T. S. Eliot, y el de Barack Obama ha llegado. Después de ocho años de mandato, el presidente saliente de los Estados Unidos abandona la Casa Blanca y se ha despedido como acostumbra a hacer en sus apariciones, con una extraordinaria pulcritud, en el más amplio sentido de la palabra. “Encontrar algo que decir”, afirmaba Bernbach, “es el comienzo de cualquier proceso de comunicación, pero cómo lo digas hace que la gente atienda, escuche y cambie de opinión”. Sin duda, Obama ha dado buena cuenta de que es un orador cultivado, en el que concurren los tres objetivos que todo orador que se precie debe perseguir: docere, delectare et movere.

De amores y desamores, filias y fobias, encuentros y desencuentros…

Así es de la vida. Llena de contradicciones y confusiones, de situaciones complejas, vagas e imprecisas, que no producen sino desorden y desconcierto. Así es como nos sentimos los millones de españoles que seguimos el debate con los cuatro candidatos a la presidencia. Un debate que, por histórico, se presumía distinto, novedoso. Un debate que había generado expectativas entre los ciudadanos. Un debate que tan sólo se quedó en eso: en presumir y en generar, porque se desarrolló sin sorpresa alguna, todo dentro de un guión establecido.

Discursos políticos del siglo XXI: de la elocutio a la inventio*

Si tuviéramos que definir de algún modo el discurso político, diríamos que es una potente herramienta que tiene el candidato para darse a conocer y poner de relieve su posición y sus propuestas frente al electorado. Se trata de todo un conjunto de estrategias de las que el orador hace uso para influir en la actitud del auditorio, porque, no olvidemos, el fin último es persuadir.

¿Cómo es la comunicación política en España? *

Es más que evidente que, dentro y fuera de España, la política está cambiando y con ella todo lo que le rodea (políticos, campañas, comunicación…). Lejos han quedado las largas horas de mítines y los aburridos discursos que los candidatos protagonizaban, principalmente en campaña. Lejos, aquellas tediosas notas de prensa que saturaban los buzones de los medios de comunicación.

Partidos, candidatos y estrategas se han dado cuenta de que la comunicación política es algo más que un gabinete de prensa. Los nuevos partidos que han ido surgiendo han obligado a los ya tradicionales a cambiar su forma de comunicarse, de hacer llegar sus propuestas a los ciudadanos. Han obligado a los candidatos a pasar de la política de despacho a la política de calle. Movidos por la desafección y el cada vez mayor recelo hacia la clase política, los políticos han entendido que el ciudadano de a pie clama a gritos una política y unos gobernantes más humanizados, más cercanos, que entiendan sus preocupaciones e inquietudes.

En funciones

Llevo varios meses sin escribir una línea esperando acontecimientos. Mi último post fue sobre el debate entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, eso que pudo ser y que no fue. Casi tres meses después, podría decir que nos encontramos en la misma situación. Bueno, la misma no. Me atrevería a decir que es mucho peor. Un panorama desalentador, teñido de hastío, desafección y desgaste, mucho desgaste por parte de todos.

Un PP que gana las elecciones, pero sin mayoría para gobernar; un PSOE, que obtiene los peores resultados de la historia, pero que, dadas las circunstancias, es el propuesto para conformar Gobierno; y dos ‘nuevos’ partidos que consiguen acabar con el bipartidismo y que serán quienes decidan el nuevo presidente del Gobierno. En cualquier caso, han pasado más de cien días desde las elecciones y este país sigue en funciones y sin visos de que las cosas vayan a cambiar.

Lo que debió ser y no fue entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez

Toda la maquinaria preparada para el esperado maratón de ‘El Debate’ que, en principio, prometía. Citas y compromisos anulados para no perder detalle de las más de cinco horas que pasé delante del televisor. Y como yo, miles de confiados y escépticos, de fieles e indecisos, que, aunque les cueste reconocerlo, estaban expectantes. Tres cadenas de televisión, más de trescientos periodistas acreditados, asesores y consultores por doquier… todos pudimos comprobar la degeneración que está sufriendo la dialéctica en política.